Redes sociales: Conectados…¿a la soledad?

CONECTADO PERO SOLO

Cuestionar los múltiples aportes de las redes sociales a la comunicación humana, sería como tapar el sol con un dedo. Sin embargo, necesitamos con urgencia un análisis crítico y sensato      – no sólo de  las luces-  sino también de las sombras y riesgos del fenómeno de los “Social Media”.

Nunca antes habíamos compartido con tanto afán ocurrencias, fotos y noticias, ni habíamos regalado tanto nuestra aprobación a todos los confines del universo en forma de ingenuos “me gusta”.  Tan atareados estamos en ello, que muchas veces no nos paramos a pensar lo que hacemos, ni cómo esas horas (cada vez mayores) que dedicamos a las redes y al mundo virtual nos roban vivencias en el mundo real.

Detrás del poder de atracción de las redes sociales está la misma curiosidad (y morbo) por las vidas ajenas que sustentan los programas televisivos de “cotilleos” y los reality shows. Y también -¿por qué negarlo?- cierta necesidad de autorreafirmación (cuando no de puro exhibicionismo) a la hora de exponer nuestra propia vida.

En principio, ello no tiene nada de criticable. La curiosidad, la necesidad de realzar la autoestima (incluso echando mano a retoques y maquillajes), el afán de figurar y tener nuestro minuto de aceptación y fama, forman parte ineludible de la naturaleza humana.

Por otro lado, no todo es frivolidad. Junto a los gaticos, perritos, viajes turísticos paradisiacos, autos y casas de lujo y ostentaciones varias, circula también por las redes un montón de información útil y un ágil intercambio de conocimientos sobre los más vastos campos del saber humano.

El problema aparece cuando estamos tan ocupados en construir y mejorar nuestra imagen que olvidamos construirnos y mejorarnos -de verdad- a nosotros mismos. Ello es potencialmente más nocivo para los jóvenes, porque la personalidad se enriquece y moldea, en gran medida, gracias a nuestro contacto (cara a cara) con los demás.

Con todo el respeto debido a los expertos en la materia, cada vez que oímos hablar de “personal branding”, de “edificar la marca personal” y todo eso, se nos ponen los pelos de punta. Y no porque no tengan toda la razón y no sea un camino imprescindible para adaptarse a estos nuevos y competitivos tiempos, sino porque se olvida con demasiada alegría que -del mismo modo que comunicar bien implica primero hacer antes que decir-, un profesional tiene (ante todo) que estudiar, leer mucho, “currar” duro y crecer realmente todos los días. O la sacrosanta “marca”, nombre o imagen virtualmente edificada, será tan sólo un cascarón vacío.

Igualmente, y de un modo cada vez creciente, muchos actos que antes realizábamos cara a cara (como festejar el cumpleaños de un amigo, argumentar determinada negativa personal o profesional, asistir con concentrada atención a una conferencia, sin juguetear con el smartphone; o simplemente debatir y conversar), ahora los hacemos en el cómodo, quirúrgico y muchas veces maquillado ciberespacio.

¿Ese es el mundo que queremos construir? ¿Un juego de espejos con aumento, ilusiones, autoengaños y distancias reales aún más profundas agazapadas tras la supuesta cercanía online? ¿A dónde nos puede llevar ese camino? No se trata de regresar al siglo XIX. Ninguna tecnología es “buena o mala” por sí misma (perdón por esos dos adjetivos tan maniqueos aunque expresivos). Las tecnologías son herramientas y, por tanto, su utilidad depende del uso más o menos inteligente que hagamos de ellas.

Los ciudadanos digitales lo saben. Y hasta lo proclaman con cierta ironía en los muros de Facebook (quizás la más casquivana de todas las redes). Hace poco circuló por FB el siguiente diálogo: “-¿Tienes Twitter?  .  -¿Facebook?.  – ¿Tumblr?  -Sí.  -¿Blog?  -Sí.  -¿Vida?  -Sí, pero casi nunca la uso.”

Una preocupación parecida manifestó en una de las prestigiosas conferencias TED, Sherry Turkle, profesora del Programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y fundadora y directora del MIT Initiative on Technology and Self.

Al recordar las primeras experiencias de chats e intercambios online de la década de los 90, Turkle afirmó: “Como psicóloga, lo que más me maravillaba era la idea de que usaríamos nuestro aprendizaje en el mundo virtual sobre nosotros, sobre nuestra identidad, para vivir mejor en el mundo real”… Una expectativa aún incumplida, según ella misma confiesa más adelante: “La tecnología me sigue emocionando, pero pienso que estamos permitiendo que nos lleve por donde no queremos ir”.

Vale la pena dedicarle unos minutos a esa excelente conferencia, que inspiró el título y la esencia misma de nuestra reflexión de hoy.

4 Comentarios

  1. Lidia,
    Después de la luna de miel con los “social media”, están surgiendo las voces – como la tuya en este artículo – que nos llaman a la reflexión y a hacer un uso racional de estas nuevas tecnologías. En estos lares por donde habito, no pasa un dia sin que haya alguna noticia sobre los peligros de las redes sociales: abusos verbales, intimidaciones, robos de identidad, etc.
    Está claro que son una herramienta y que todo depende del uso que le demos, pero lo que cada día veo es más “abuso” y menos privacidad.
    ¿”Privacidad”, digo? ¡Qué palabreja tan pasada de moda!
    Nos olvidamos que los llamados “social media” son negocios: ¡Big Business! Y que se están levantando sus imperios gracias a los datos personales que les regalamos tan alegremente.
    Pero ellos apelan a ese Narciso dormido que todos llevamos dentro y lo exacerban, y una vez que Narciso se despierta, pues ya no hay forma de controlarlo.
    Ya no sabemos vivir con nosotros mismos, en silencio: todo hay que decirlo; todo debe ser fotografiado, retocado y “posteado”; todo debe ser divulgado; los 15 minutos de fama ya no nos alcanzan.
    Ah, y tenemos tantos, pero tantos “amigos” !!! jejeje

  2. Gracias, Taramundicus, por tu aporte. Allá en el mundo anglosajón del norte que tú habitas las cosas no son demasiado diferentes que en Europa o Hispanoamérica. Estoy plenamente de acuerdo contigo, pero también tengo que reconocer que no es un punto de vista muy popular. Cuando un profesional de la comunicación habla sobre estas cosas, sus propios colegas a veces lo miran con extrañeza, desconfianza o, en el peor de los casos, intolerancia total. Como diciendo: ¡¡Pero para qué viene a “aguarnos” la fiesta!! Y, como decíamos, no se trata de vivir de espaldas a los social media, o de no utilizarlos, sino de conocerlos y usarlos con responsabilidad e inteligencia. Y, sobre todo, tener claro que nada puede sustituir la magia de la comunicación humana “en vivo y en directo”, de la interacción cara a cara, por imperfecta, difícil o complicada que ésta sea.

  3. Excelente!!!. Como todo lo que escribes. Te dejo aquí un enlace. Se trata de un artículo que leí hace un tiempo en El País y que seguramente ya conoces porque trata este tema
    http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/05/actualidad/1357404568_153188.html.

  4. Muchas gracias, Ignacio. Es un honor tenerte de visita por nuestro blog.
    Muy interesante el enlace que aportas. Tenemos que seguir reflexionando sobre estos temas. Ello no implica, en lo absoluto, “demonizar” las redes sociales, pero sí hay que pensar -y mucho- sobre este fenómeno comunicativo tan reciente y a menudo tan irónicamente engañoso.