Diariamente recibimos entusiasmados una docena de “tips”, claves y pasos a través de las redes sociales y los blogs. Son esas cápsulas de contenido que nos resumen un tema en apenas tres (o cinco o diez) recetas breves.
Tienen un lado muy positivo: su poder de síntesis, su capacidad para esquematizar y resumir el conocimiento. Y si sus autores son profesionales con kilómetros de estudio detrás, que noblemente compendian en diez frases ingeniosas su saber para nosotros, entonces constituyen un verdadero regalo del cielo. E incluso hasta los aportes menos sesudos muchas veces estimulan nuestros propios enfoques.
Hasta ahí, todo muy bien. ¿Cuándo empieza entonces el motivo de preocupación?
Utilicemos la estructura de los “tips” para exponerlo:
Queremos editarlo todo, recibir sólo lo “útil”, lo “productivo”, las esencias que otros destilan para nosotros. El camino duro -sin delegaciones ni atajos- ha pasado de moda. Y hasta sonreímos con cierta soberbia frente aquella afirmación de Bertrand Russell según la cual: “Todos los grandes libros contienen partes aburridas y todas las grandes vidas han incluido períodos sin ningún interés”. *
Hace algunos años, una amiga librera me comentaba que los estudiantes (incluso universitarios) acudían a su librería buscando “un resumen” de tal o cual libro. Algunas veces, con su simpatía e inteligencia, ella lograba convencerles de que leyeran el libro entero. Hoy ya ni van. Encuentran los resúmenes en los cientos de portales de internet desarrollados con ese único objetivo.
Pero, francamente, ¿qué estamos aplaudiendo muchos profesionales hechos y derechos con esta orgía permanente de resúmenes, citas de citas de citas (mal citadas) y leyes del menor esfuerzo y la mayor imagen?
PD: El blog de hoy no tiene hiperlinks, ni vídeos, ni nada. Sólo el experimento de una reflexión desnuda.
* Russell, Bertrand: La Conquista de la Felicidad. Ed. El País, Madrid, 2003. (Página 60).