Los tres “tips” de los cinco pasos de las diez claves…

todos hablamos

Diariamente recibimos entusiasmados una docena de “tips”, claves y pasos a través de las redes sociales y los blogs. Son esas cápsulas de contenido que nos resumen un tema en apenas tres (o cinco o diez) recetas breves.

Tienen un lado muy positivo: su poder de síntesis, su capacidad para esquematizar y resumir el conocimiento. Y si sus autores son profesionales con kilómetros de estudio detrás, que noblemente compendian en diez frases ingeniosas su saber para nosotros, entonces constituyen un verdadero regalo del cielo. E incluso hasta los aportes menos sesudos muchas veces estimulan nuestros propios enfoques.

Hasta ahí, todo muy bien. ¿Cuándo empieza entonces el motivo de preocupación?

Utilicemos la estructura de los “tips” para exponerlo:

  • Cuando, con ese amor tan humano por los extremos, comenzamos a ver el mundo (y nuestras profesiones) en clave de tips, recetas y puntitos de viñeta.
  • Cuando nos instalamos en una suerte de “fast food” intelectual en el cual queremos deglutirlo todo con el menor tiempo y esfuerzo posible y creemos que con leer diez “artículos” de ese tipo al día ya lo hemos conseguido.
  • Cuando muchas veces no hemos terminado ni de estudiar y analizar un tema y ya estamos “compartiendo” nuestra propia e ingeniosa lista de consejos encapsulados… ¡A ver si nos vamos a quedar atrás!
  • Cuando nuestro juicio crítico está tan embotado que no distinguimos una lista de perogrulladas más o menos simpáticas de otra enjundiosa y con materia para la reflexión.
  • Cuando esas listas a su vez “fusilan” otras en una cadena interminable y mencionan alegremente datos y reseñas de estudios cuya procedencia seria casi nadie cita con propiedad y, por supuesto, su bibliografía y fuentes profundas al final nunca aparecen.
  • Cuando, cada vez con más frecuencia, oteamos al vuelo el primer párrafo de cualquier engendro postmoderno y ya lo estamos retuiteando o compartiendo sin siquiera terminar de leer y digerir.
  • Cuando confundimos, por último, simplicidad (una cualidad más que elogiable en comunicación) con simpleza y futilidad. Todo tiene que ser ahora, ya, y lo más elemental, fácil y “light” posible. Pero…¿podríamos imaginar acaso a un Shakespeare o a un Einstein alimentándose mayormente de tips ciberespaciales?

Queremos editarlo todo, recibir sólo lo “útil”, lo “productivo”, las esencias que otros destilan para nosotros. El camino duro -sin delegaciones ni atajos- ha pasado de moda. Y hasta sonreímos con cierta soberbia frente aquella afirmación de Bertrand Russell según la cual: “Todos los grandes libros contienen partes aburridas y todas las grandes vidas han incluido períodos sin ningún interés”. *

Hace algunos años, una amiga librera me comentaba que los estudiantes (incluso universitarios) acudían a su librería buscando “un resumen” de tal o cual libro. Algunas veces, con su simpatía e inteligencia, ella lograba convencerles de que leyeran el libro entero. Hoy ya ni van. Encuentran los resúmenes en los cientos de portales de internet desarrollados con ese único objetivo.

Pero, francamente, ¿qué estamos aplaudiendo muchos profesionales hechos y derechos con esta orgía permanente de resúmenes, citas de citas de citas (mal citadas) y leyes del menor esfuerzo y la mayor imagen?

PD: El blog de hoy no tiene hiperlinks, ni vídeos, ni nada. Sólo el experimento de una reflexión desnuda.

* Russell, Bertrand: La Conquista de la Felicidad. Ed. El País, Madrid, 2003. (Página 60).