El “valle de la muerte”… o todo lo que puede salir mal cuando se comunica mal (Final)

Dejamos la anterior entrada de nuestro blog en plena batalla de Balaklava: poco antes de las 10h de la mañana ésta se define fundamentalmente en torno a un valle (señalado en los mapas como Valle Norte y más tarde conocido como el Valle de la Muerte) que se extiende 2.500 metros de este a oeste, encajonado entre dos líneas de colinas (una al norte con forma de media luna y otra al sur, que cierran las dos salidas del valle). Al este, los rusos; al oeste, los aliados.
Ahora abrimos un pequeño paréntesis para presentar a los protagonistas del despropósito de comunicación que nos ha traído hasta aquí:
El general en jefe de las fuerzas aliadas, Lord Raglan: un oficial valiente que había combatido en España en las guerras napoleónicas y había perdido un brazo en la batalla de Waterloo (1815), pero a sus 66 años ejercía por primera vez un mando importante en campaña, un cometido muy diferente a su experiencia durante años en cargos administrativos y políticos.
Lord Lucan: general jefe de la caballería británica, compuesta por una Brigada Pesada que ya había entrado en combate contra la caballería rusa y una Brigada Ligera que permanecía en reserva.
Lord Cardigan: al mando de la Brigada Ligera, cuñado de Lord Lucan. Por oscuros motivos familiares ambos se odiaban con obstinada ferocidad.
Capitán Luis Nolan: mensajero de Lord Raglan, de personalidad bastante desequilibrada, obsesionado por la superioridad de la caballería y que odiaba profundamente a Lord Cardigan, sentimiento por otra parte mutuo.
El coctel propicio para un desastre: un general en jefe sin experiencia, con sus capacidades de mando algo mermadas por la edad (era bastante mayor para la época) y sus viejas heridas, recuperándose del susto de un ataque enemigo por sorpresa en la madrugada; dos jefes de caballería parientes que solo se hablan para insultarse y un mensajero bastante neurótico que opina que sus superiores son unos incompetentes y además odia a su inmediato superior. Todos ellos orgullosísimos caballeros británicos, que nunca se equivocan (o al menos nunca lo reconocen), puntillosos en cuestiones de honor y valentía, dispuestos a cometer cualquier disparate antes de pedir una aclaración que pueda parecer un acto de debilidad o cobardía. ¡Total caos de comunicación garantizado!
Pues bien, sobre las 10 de la mañana ha concluido la primera fase de la batalla y los rusos han ocupado o puesto fuera de combate los fortines 1 al 4 de los aliados, situados en el borde este de la cresta de las colinas que cerraban el valle por el sur y han capturado los cañones aliados que allí se encontraban.
En torno a las 10:15, Lord Raglan, situado sobre la altura que cerraba el valle por el oeste y por tanto dominando una vista completa del campo de batalla, vio cómo los rusos movían los cañones de los fortines capturados, por lo que, en un intento de recuperar la iniciativa de la batalla vio la oportunidad de retomar esas posiciones y aunque la infantería que debía apoyar a la caballería aun no llegaba, dictó la siguiente orden a sus ayudantes:
“Cavalry to advance and take advantage of any opportunity to recover the Heights. They will be supported by infantry, which has been ordered to advance on two fronts” (La caballería tiene que avanzar y aprovechar cualquier oportunidad para recuperar las colinas. Será apoyada por la infantería, que ha recibido la orden de avanzar en dos frentes.)
Debido a la mala transcripción por parte de los subalternos, a una mala dicción o a una falta de rigor, el mensaje que se entregó al capitán Nolan para que éste lo transmitiera a lord Lucan fue:
“Cavalry to advance and take advantage of any opportunity to recover the Heights. They will be supported by infantry, which has been ordered. Advance on two fronts” (La caballería tiene que avanzar y aprovechar cualquier oportunidad para recuperar las colinas. Será apoyada por la infantería, según las órdenes. Avance en dos frentes.)
Cuando Nolan salió a toda velocidad , Raglan le gritó: “Diga a Lord Lucan que la caballería debe atacar inmediatamente”.
Por consiguiente, Nolan presionó a Lord Lucan, sin darse cuenta de que desde el fondo del valle Lord Lucan no tenía la misma visión del campo de batalla y los únicos cañones que podía ver eran los que tenía enfrente, apoyados por infantería rusa apostada en las colinas a su izquierda.
Lord Lucan leyó la orden y pensó que el ataque era inútil. Nolan le transmitió el mensaje, que la caballería debía atacar inmediatamente. Lord Luncan estaba perplejo e irritado: ¿dónde debía atacar? ¿a qué artillería aludía Lord Raglan?
Nolan le respondió, en un estado de creciente ansiedad: !AHÍ ESTÁ SU ENEMIGO Y AHÍ ESTÁ SU ARTILLERÍA!- haciendo un impreciso gesto (comunicación no verbal) que abarcaba tanto el fondo del valle como las colinas de su derecha, donde él era consciente de que los rusos se estaban llevando los cañones capturados, pero incapaz de comunicárselo con calma a su interlocutor falto de información.
Lord Raglan había pasado por alto que desde su posición veía más que la caballería ligera que estaba en la parte baja del valle, donde Lord Luncan no podía ver la artillería a la que se refería Raglan. Tampoco se preocupó, por cierto, de informarse previamente sobre el conocimiento que su subalterno tenía sobre la situación global.
Para continuar la cadena de despropósitos comunicativos, Lord Lucan ordena a Lord Cardigan que entre en el valle y lance su ya famosa “carga de la caballería ligera”. Parece ser que a Lord Cardigan la orden le pareció un disparate, pero como no se hablaba con su cuñado, a quien consideraba incompetente, pomposo y un cretino (opinión, por cierto, mutua), no estaba dispuesto a que nadie le considerara un cobarde, y no se le ocurrió objetar o aclarar la situación. Como consecuencia, la caballería ligera fue lanzada contra las posiciones rusas que protegían el final del valle.
Justo después de las 11:00 la caballería ligera cargó: 673 hombres con sus monturas se lanzaron contra las bien posicionadas unidades rusas, las cuales no solo estaban al final del valle, sino también en los montes que lo flanqueaban. Al ver ese movimiento, el capitán Nolan probablemente tomó conciencia del desastre al que se dirigían por no haberse entendido los unos y los otros, e inició una veloz cabalgada para detener a Lord Cardigan. Con la mala fortuna de que, cuando se intentaba hacer entender entre galope y los cañonazos, un certero disparo ruso se lo llevó por delante y lo convirtió en la primera baja de la funesta carga.
Los hombres de Lord Cardigan no cejaron en su empeño y atravesando lo que posteriormente el poeta Lord Tennyson calificó como “el valle de la muerte”, recibieron fuego de los cañones enemigos situados a ambos lados, y de aquellos contra los que cargaban. Siguieron cabalgando, hasta llegar a los cañones rusos del final del valle, tras 7 minutos de infernal y casi ininterrumpido cañoneo y fuego de los fusiles de la infantería rusa. Allí, los supervivientes de la caballería entablaron combate antes de ser atacados por la caballería cosaca que permanecía en la reserva. Además, un regimiento de lanceros rusos se movilizó detrás de la caballería británica para cortar su retirada. Los ingleses, sin embargo, consiguieron romper el cerco. En su retirada, fueron nuevamente atacados por los cañones rusos.
En la fatídica carga, la caballería ligera quedó reducida de 673 a 195 hombres y sus monturas. El ineficaz mensajero, el capitán Nolan, murió al principio de la carga, presumiblemente intentando redirigirla hacia los fortines, tras darse cuenta del error.
El poeta contemporáneo Alfred Tennyson escribió un típico poema épico victoriano de gloria a los héroes. El poema, a pesar de su tono laudatorio, no pudo soslayar en su segunda estrofa el origen del desastre: “¡Adelante, la brigada Ligera! / ¿Alguno desfallecido? / No, aunque el soldado supiera / que alguien cometió un error, / no era cosa suya replicar, / ni preguntarse por qué, / sólo cumplir con su deber y morir, / por el valle de la Muerte / cabalgaron los seiscientos”.