Desafío Somiedo 2015: Crónicas al Viento II

31 de julio: Viernes de nervios y preparativos

Por Lidia Señarís.

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El río Somiedo, a su paso por Pola de Somiedo, a apenas unos metros de la meta del DesafíOSOmiedo.

Llego a Somiedo con dos preguntas en la mochila. La primera: ¿Cómo es posible organizar con éxito ese deambular de 600 corredores por intrincadas y duras rutas? Y la segunda curiosidad, aún más difícil de responder: ¿Por qué seis centenares de personas de las más variadas edades y procedencias se “someten” voluntariamente a este reto físico, a este devastador duelo con la montaña?

Por poético que parezca ese nombre de “skyrunning”, con su referencia al cielo azul, o a correr entre el cielo y la tierra, no hay dudas de que es un deporte duro, que demanda horas y horas de entrenamiento y a la vez resulta relativamente desconocido para el gran público, pues no se televisa ni divulga apenas, al menos en comparación con las disciplinas olímpicas.

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Santi Obaya, de rojo, segundo por la derecha, junto a otros competidores.

Aunque mi paso por el Desafío es fugaz y bastante accidentado y parece no interesarle a nadie en esa ajetreada comunión de deportistas de montaña, ya que estoy allí intento responder mínimamente ambas preguntas.

Una de las claves sobre la organización la ofrece el asturiano Santi Obaya, ganador de la primera edición del Ultra Trail DesafíOSOmiedo en el año 2013. “El éxito de Desafío Somiedo obedece a que sus organizadores son también corredores de montaña. Y eso influye mucho a la hora de saber cómo organizar la carrera, que sin duda es diferente, pensada por corredores y para corredores, con mentalidad y experiencia de corredor”, afirma. “Por eso la gente está muy contenta y lo principal es que así dan a conocer Somiedo a deportistas, senderistas, a las familias, a todos”, agrega.

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Lalo entregando dorsales a los competidores de la UTDS.

Otra de las llaves del éxito organizativo es el centenar de voluntarios repartidos por toda la carrera. En la credencial de cada voluntario figura el punto exacto de la ruta en que está, la distancia al avituallamiento más cercano y a la meta, los teléfonos de los responsables de las diferentes zonas y otros datos útiles para orientar a los competidores en caso necesario. Tienen, además, un breve plan de actuación ante accidentes y para facilitar la retirada de cualquier participante que así lo desee.

Es viernes, hora de comida, y Lalo se sienta a la mesa en la llamada “escuela-hogar” somedana que acoge a los voluntarios. Declara muy gráficamente su cansancio tras una mañana entera armando las bolsas de los deportistas junto a otro grupo de entusiastas, y luego asalta las sencillas fuentes de arroz blanco, atún y maíz enlatados y jamón de york. Pero el agotamiento le dura poco; exactamente a las cinco de la tarde está en la Feria Trail repartiendo dorsales, bolsas e indicaciones a los corredores.

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Un ambiente muy familiar se respira en la Feria Trail.

El ambiente en la carpa de la feria es familiar y divertido. Humanos de todas las edades, desde bebés en sus carritos hasta gente que peina canas, acompañan a los competidores. Es el momento de los abrazos, reencuentros, fotos y bromas, y del paseo por los diversos stand: desde las coloridas camisetas de Donkeyhead y De Buena Tinta, hasta las zapatillas y artículos especializados de Solomon y de Fuego Sólo Runners, pasando por un sitio en que el que un amable señor corta un jamón ibérico y otro en el que venden muñecos de chocolate y otras exquisiteces para golosos.

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El profesor Olmedilla y el equipo de la Universidad de Oviedo estudian a los corredores de montaña.

En medio de todo el barullo, un equipo conjunto de la Escuela de Medicina del Deporte y el Laboratorio de Análisis Clínico de la Marcha de la Universidad de Oviedo intenta hacer algo de ciencia. Se trata, me explica el profesor Hugo Olmedilla, de un estudio piloto para saber cómo afectan los kilómetros recorridos al patrón de marcha de los corredores de montaña. Para ello, les hacen una prueba de esfuerzo (fundamentalmente saltos sobre una esterilla con sensores) antes de la carrera y nada más terminar ésta.

Al parecer, aunque desde 1970 existen estudios sobre los corredores de montaña, éstos son escasos y prácticamente brillan por su ausencia los realizados en la competición real, lejos de las condiciones idílicas del laboratorio. Por eso Olmedilla y sus compañeros han cargado con sus equipos hasta el pie de la meta del Desafío Somiedo y aunque no quieren adelantarse a los acontecimientos, parten de la hipótesis de que los que lleguen en la retaguardia del pelotón tendrán un déficit de fuerza mayor; en otras palabras, un mayor impacto. De cualquier modo, insiste Olmedilla, “no se sabe; la carrera dirá la última palabra y a partir de ahí podremos plantear nuevas líneas de investigación”.

Pues eso mismo le ocurre a todos los participantes. La montaña tiene todas las respuestas. Y en unas horas, durante el primer día de agosto, revelará la suerte de cada uno.

Continuará…